Se acabó. Esto ya se está escribiendo desde España. 406 días desde nuestra salida de Madrid, allá por noviembre de 2012. Algo más de trece meses maravillosos, enriquecedores como trece años, limpiadores como trece tónicos. Después de un intento de establecernos en Asia, nuestra vida vuelve al mismo sitio del que salimos. Pero acabar en el mismo lugar no significa no haber avanzado. El mismo lugar solo es ahora una referencia geográfica.
Como último artículo, lo normal es hacer un balance, ese resumen donde, en la contabilidad, el debe y el haber siempre equivalen. Pero esa regla sagrada de la ciencia económica solo aplica gracias a la obligación de que todo los elementos sean convertibles a un valor monetario. Sin embargo, si flexibilizamos esa norma, las dos columnas ya no tienen que ser equivalentes. Y ese es nuestro caso. Cerramos el ejercicio y nuestro balance no cuadra, sale demasiado positivo.
Cada vez que publicamos una foto de algún destino y recibimos un comentario de alguno de nuestros nuevos amigos, esos que nos trajo este viaje y que de ninguna manera habríamos conocido quedándonos en casa, recordamos que tenemos que añadir una entrada en ese balance. Cada vez que hablamos de algún sitio y podemos decir que lo hemos conocido, otra línea. Cada vez que recordamos un sabor, siempre asociado a algún otro recuerdo -los sabores se pegan al resto de recuerdos como si solo supieran vivir en simbiosis con los otros- una nueva línea. Pero fundamentalmente, cada vez que nos planteamos cosas que antes no hacíamos porque, tal vez, ni nos cabían en la cabeza, ahí añadimos una línea.
Ayer nos contaba Pedro que hay unos estudios recientes que demuestran que la meditación continuada puede producir cambios en la estructura del cerebro. Y como esos estudios se han hecho en una universidad norteamericana, de repente esa práctica tradicional se ha convertido en una corriente de éxito y le han dado un nombre mucho más anglosajón que "meditación" que suena mucho más tibetano o perroflauta y así se puede aplicar a los ejecutivos de las empresas. Del mismo modo, nuestro cerebro es ahora distinto al que teníamos cuando salimos. Y no solo es más viejo y le faltan más neuronas, que también. Pero es, ante todo, más blando, más flexible, le caben cosas que antes no habrían entrado. Como los músculos que ganan flexibilidad después de unas semanas estirando.
Ver cosas es muy importante. La emoción de contemplar el templo de Angkor Wat al amanecer, la espuma de las cataratas de Iguazú, los troncos de las sequoias de Yosemite, los colores de la Quebrada de Humahuaca, el blanco infinito del salar de Uyuni, la arena blanca bajo las escarpadas paredes calizas de Koh Yao Noi o a los orangutanes comiendo plátanos en Bukit Lawang difícilmente podremos olvidarla. Y cuando uno planifica un viaje (con todo lo permisivo que es aplicar el verbo planificar a nuestro viaje) tiene en cuenta muchas veces esas maravillas.
Pero en realidad, el viaje te enseña que eso no es lo más importante. Ni mucho menos. Enlazar lugar tras lugar, animal tras animal o paisaje tras paisaje puede acabar siendo una experiencia completamente vacía. Puede incluso llegar a cansar. Porque todos sabemos que la mejor manera de aprender no es mirar sino actuar. Y a poder ser, repetir hasta dominar lo aprendido. Al viajar hay que hacer. Cuanto más cosas haces más cosas aprendes. Y para aprender aún más hay que tener buenos maestros, de esos que no salen de viaje contigo sino que tienes que ir encontrando por el camino.
Nosotros encontramos a muchos de esos maestros. Muchas personas de las que hemos aprendido cosas, que nos han abierto los ojos cuando ya pensábamos que éramos capaces de verlo todo y uno nunca lo es. Como esos expertos cazadores que te muestran una codorniz camuflada entre los rastrojos, donde tú solo ves dorados tallos muertos. A ellos no los vamos a olvidar nunca. Y mucho menos olvidaremos a todos los que nos abrieron las puertas de sus casas y nos trataron como si fuéramos de su familia. Nuestra gratitud con ellos es eterna. Esas serán las anécdotas que contaremos siempre a nuestros nietos, tantas veces que se cansarán de oírnos y después de reprocharnos "abuelo, que eso lo has contado mil veces" se irán a jugar con la PS15.
Hemos aprendido que hay cosas muy obvias que pasamos por alto en nuestro día a día. Que la aritmética social obra milagros como que lo que aportan dos más dos sea más de cuatro. Que hay gestos que siempre suman y son gratis (otra vez se viola aquella regla de los balances). Hemos aprendido que hay otras culturas. ¡No solo lo hemos visto! Eso es lo importante, que lo hemos aprendido. Que hay otras formas de vida. A veces entre gente que vive muy lejos de nosotros y otras entre gente que nos cruzamos sin advertirlo. Hemos aprendido mucho de España gracias a ver a los españoles fuera de su país -algunos de paso y otros por largo tiempo- y mirarlo todos en conjunto desde fuera, como a través del microscopio.
Hemos intentado cosas que no hemos conseguido y hemos alcanzado logros que ni nos habíamos propuesto. Hemos corroborado que lo más importante para poder hacer algo es quererlo. Que nuestros límites no son siempre los que nosotros nos marcamos. Hemos compartido albergue con abuelos que se mueven con el mundo tan despacio que parece que vayan a vivir eternamente. Hemos visto a padres que no han tenido reparos en compartir aventuras con sus bebés.
Y qué nos hemos dejado a cambio de todo esto. Muchas horas de cansancio; alguna que otra incomodidad, como aquellas noches en que duermes en un lugar tan sórdido que estás rezando porque amanezca; algún susto que no llegó a disgusto; unas pocas lágrimas; un par de lesiones menores.
Juzgue cada uno si el balance le cuadra; a nosotros nos quedan muchos beneficios de este ejercicio. Ahora tenemos que invertir esos beneficios. Durmiendo noche tras noche en el mismo sitio. Pero intentando no perder el espíritu del viaje. Alguien dijo que "el mundo es como un libro abierto, quien no viaja sólo ha leído la primera pagina". Vamos a por el siguiente capítulo.
Bienvenidos de nuevo. Los amigos clásicos de aquí nos enorgullecemos de vosotros y así podemos veros un poco. Mucha suerte, ánimo y lo que haga falta para esta nueva etapa. Besos y abrazos
ResponderEliminar