martes, 30 de julio de 2013

Cambio de tercio


Un cambio de tercio... O dos o tres y cuantos sea menester, como se diría en algunos lares.


Por la alta demanda de nueva publicación, me he auto impuesto ser la sustituta temporal del titular, por hayarse este gastando lo que tenemos en la cabeza que pesa como un coco, tiene forma de nuez y consistencia del foie cocido. Eso sí, siguiendo bajo supervisión del autor.


Y es que esto no es lo que se suponía que iba a ser y ya nada es lo que era. Y Helen Rowland decía que "las locuras que más se lamentan en la vida de un hombre son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad". A nosotros no nos van a quedar y lamentarse no sirve de nada......

Siguiendo con las citas, y para tranquilizar a las familias, no os preocupéis porque intentaremos cumplir con Clarence S. Darrow, que dice "la primera parte de nuestra vida nos la estropean nuestros padres; la segunda nuestros hijos".

Y todo el cambio lo provocó James, el supuesto jefe del centro de buceo de Subic, Filipinas, pieza clave para decidir nuestro nuevo destino al empezar nuestra segunda parte del viaje, que iba a ser inicialmente por cuatro meses prorrogables. Irlandés de unos cuarenta años del que no me atrevería a decir nada más excepto que fue un mentiroso compulsivo. Aunque él lo llamaba haber sido algo ambiguo en sus explicaciones.


Menos mal que siempre hay gente que te recoge con los brazos abiertos una y otra vez (como Alain y Bárbara) y que no nos faltó el cariño de una familia a la que sorprendimos en sus vacaciones y nos abrieron los brazos (Ignacio, Rori & cia).


Gracias a todos por estar ahí en el momento necesario. Incluso a Muhammet por levantar la cabeza de máquina de coser en el momento oportuno y lanzarnos un "hola" en castellano en el barrio chino de Singapur. Ese sencillo gesto tuvo más importancia de la que parece en  nuestro nuevo enfoque y él ha pasado ya a formar parte de nuestra vida en esta nueva etapa. Aquí, en Singapur.

domingo, 7 de julio de 2013

A por agua

Después de la escala de tres semanas en España, en las que recargamos nuestros depósitos de afecto y de embutidos ibéricos, comenzaba nuestra segunda etapa. En la segunda etapa casi todo era distinto. En lugar de hacia Occidente viajábamos hacia el sol naciente; en lugar de embarcarnos en la aventura marítima, volábamos cruzando dos continentes en unas pocas horas; en lugar de arrancar en lo desconocido, teníamos amigos que nos esperaban en Kuala Lumpur. Pero el plan de viaje de la segunda etapa también era distinto, con una estancia larga en Filipinas en el horizonte.

Llegar a Kuala Lumpur fue un doble reencuentro. Primero con una ciudad que la primera vez que la pisé me transmitió una sensación de multiculturalidad reflejada a primera vista en algo tan sencillo como el vestir. Las cabezas cubiertas con pañuelos alternan con las piernas al aire y los vaqueros detalle ajustado. Las mezclas de moda de influencia china, occidental y musulmana colorean las calles del centro de KL. Y segundo por el reencuentro con Bárbara y Alain después de unos años en los que con suerte habíamos coincidido en alguna fugaz visita navideña. Tengo que decir que noté más cambiada a la ciudad desde mi primera visita del 2002. Como mínimo, los mercados del barrio chino son menos chinos y más ordenados. También es verdad que pasar unos días acompañados de residentes ayuda a comprender mucho más la ciudad y a descubrir, por ejemplo, que se puede tomar una copa en un helipuerto cuando caída la tarde nadie despega ni aterriza en la azotea.

Del oasis de KL volamos al caos de Manila. Dicen que la ciudad tiene unos 20 millones de habitantes pero es imposible hacer un censo porque casi todo el mundo está en movimiento. Bueno, para ser más exactos, más que en movimiento en un medio de transporte que moverse se mueve más bien despacio intentando abrirse paso entre miles de competidores. Los atascos de Manila son bastante célebres en la zona y solo parecen quedar atrás por los de Jakarta. Manila es también la ciudad de los centros comerciales, desde los modestos de Alabang hasta los lujosos de Makati, si uno pasa aquí solo unas pocas horas, se lleva la sensación de que la población de Manila vive en los centros comerciales y desplazándose entre ellos.

Pero Manila tiene muchas más cosas. Una de las que nosotros apreciamos pronto es la enorme oferta de hoteles por horas para parejas. Bueno, admito que lo del número de ocupantes es solo una suposición mía. Para nosotros fue una ventaja poder alojarnos una noche a precio de doce horas en lugar de día completo. Pero sobre todo nos ofreció una tarde de lo más divertida contemplando la mecánica del lugar desde la recepción del Hotel SoGo ("so clean so good", ahí queda eso...) de Alabang. 

Estábamos sentados en los sillones de la entrada porque nuestra habitación/zulo de estética cutrerótica no tenía cobertura y esperábamos comunicarnos con James para cerrar los planes del día siguiente. Las parejas de filipinos de casi todas las edades llegaban en un goteo constante. A simple vista parecían en la mayoría de los casos más parejas estables que esporádicas. Al llegar recibían un número y esperaban su turno para registrarse sentados en una sala con sillones de pareja resguardados por biombos a modo de reservados con la proyección de una película al fondo. Llegado el turno, desde el mostrador anunciaban el siguiente número y la correspondiente pareja accedía a registrarse y recibía la llave de sus deseos. Intentando ofrecer una imagen de intimidad y lujo, en las zonas comunes, un vídeo promocional mostraba a una pareja joven que accedía directamente desde el garaje donde dejaba su scooter hasta su habitación y mostraba imágenes del catálogo de habitaciones más exóticas: la James Bond, la del Imperio Romano, ¡la de las armas!...

Esta intensa actividad sexual amateur no deja atrás a la profesional, con la interminable hilera de clubes de la zona turística de Malate donde habíamos pasado nuestra primera noche y aun más con la zona de la bahía de Subic que recibe periódicamente la visita de los barcos de la armada norteamericana y de sus jóvenes y hormonalmente ricos marineros. Habríamos podido contar más detalles de esta interesante zona de la bahía de Subic donde planeábamos residir unos meses pero James, nuestro hombre en Manila, no resultó exactamente lo que esperábamos y decidimos seguir camino y búsqueda. Cuando la mitad de las cosas que alguien te dice suenan sospechosas y alguna confirmas que es mentira, puedes llegar fácilmente a la conclusión de que no es de fiar. Como el mismo James dijo tantas veces en los días que nos estuvimos conociendo buceando juntos en los fondos de Anilao, "no hard feelings". Pero cada uno por su camino. Finalmente abandonamos la bahía sin siquiera bajar a conocer los barcos hundidos que el agua esconde.

Y así estamos ahora. En Manila, con una mochila llena con 10 Kg de trastos para bucear y sin plan definido, esperando a que nos llegue la inspiración mirando por la ventana los lujosos rascacielos de Makati.