lunes, 8 de abril de 2013

Todo es de color

No es con ninguna intención de menosprecio que digo que las ciudades coloniales de Centroamérica son como los pueblos castellanos pero en colores. Al contrario, me parece un gran resultado fusionar las blancas casonas castellanas con la riqueza cromática. Si algunas de estas ciudades tan hermosas han alcanzado el rango de patrimonio de la humanidad es porque el color ha terminado de rematar la faena que se inició en el antiguo reino de Castilla hace muchos años. Pero a ningún sobrio castellano se le ocurrió abandonar la uniformidad blanca y en cambio los americanos mejoraron el producto original gracias a la sensación de alegría que produce identificar cada casa individual con su particular combinación de colores. Si de repente un desalmado encalase esas fachadas tan únicas, de repente no sabríamos si nos encontramos en La Antigua de Guatemala o en Almagro, en Granada, Nicaragua, o en Trujillo.

Cruzamos Centroamérica de norte a sur -esquivando El Salvador y sin llegar a Panamá- en lo que resumiría como un viaje por los colores. Un viaje que ya comenzó en México y de donde salimos después de visitar nada menos que la Laguna de Bacalar, conocida como el mar de los siete colores. 

Disfrutamos de infinitos verdes en la selva de Petén en Guatemala. Verdes, que mientras esperábamos el amanecer sobre el templo cuatro de Tikal, iban engendrándose y diferenciándose a partir de un todo negro como en una fábula creacionista. Disfrutamos de un sinfín de colores en las alfombras de flores de La Antigua que tapizan el camino por el que han de pasar las procesiones. Un trabajo de composición que no concluye hasta unos pocos minutos antes de que el paso se acerque. Un trabajo en el que todo material es bienvenido, virutas de madera y serrín teñidos, hojas de pino, pétalos de flores, fresas, naranjas, mangos, sandías... Colores combinados con la maña de quien lleva la tonalidad en el cuerpo como otros llevan la armonía o el ritmo. Colores de un país en que muchas mujeres visten su tradicional huipil innovando en los motivos -a los que el fútbol español está contribuyendo mucho- pero siempre policromos.

Unos metros después, al otro lado de la frontera, los hondureños desterraron las vestimentas tradicionales y adoptaron el uniforme del mundo "occidental". Los desterraron junto con la gente que los vestía y también borraron a fuego los verdes de sus campos. Afortunadamente, del fuego están a salvo los fondos marinos y sus arrecifes de coral han quedado como los guardianes del color hasta que vengan tiempos mejores. Ni siquiera los autobuses hondureños tienen la variedad de sus vecino del norte y del sur.

Pasar de Honduras a Nicaragua es como quitarse unas gafas oscuras y volver a disfrutar de la luz y del color, de los autobuses rejuvenecidos gracias a las pinturas que hacen olvidar cuánto tiempo hace ya que alguien los vendió por enésima vez. Aunque tampoco se ven en Nicaragua vestimentas tradicionales, el color sí vuelve a estar en las selvas, en las casas, en los lagos grandes como mares, que cambian su aspecto al son del viento. Así el lago Nicaragua cambia del azul claro al gris oscuro cuando sus aguas se agitan sobre el fondo de arena volcánica. Azul claro como el de los pájaros que en Ometepe llaman urracas, pero que son a su pariente española lo mismo que las casas de San Cristóbal a las de Tordesillas.

Nuestro paso por Costa Rica fue tan rápido que hicimos una gran parte en tirolina. Fue un inolvidable día de cumpleaños que comenzó con todas las posibilidades cromáticas del café, los granos verdes en el cafeto, los granos rojos maduros pero aun crudos, los granos secados artificialmente con un beige muy pálido, los granos secados al sol con su dorado claro, los granos tostados desde el marrón oscuro al negro. Y de nuevo los mil verdes de la selva, que al visitarla desde el río Sarapiquí enseña algunos de los animales que normalmente oculta y que se revelan a la absoluta hegemonía vegetal.

Pero hay unos lugares en donde todos los colores se dan cita. A veces a diario y a veces en días concretos. Es el lugar de encuentro donde se sienten expuestos como en un museo.  Donde se comercia con ellos. Son los mercados. Hay pocas experiencias mejores que pasar las horas en los mercados centroamericanos. Y de nuevo es un placer que ya disfrutamos en México. Son el paraíso de las frutas, las verduras y también de las legumbres. Son lugares donde uno se olvida de términos como envase, caducidad, transgénico, industria... Donde solo la mandan la forma y el color, donde si hay una adulteración es el tinte de las legumbres. Son tan abundantes y tan protagonistas los colores en los mercados que incluso hacen olvidar que a cada uno le corresponde un sabor.


1 comentario:

  1. Impresionante el Mar de los Siete Colores visto desde arriba
    https://maps.google.com/maps?q=Laguna+de+Bacalar,+Bacalar,+Mexico&hl=en&ll=18.692432,-88.336258&spn=0.434484,0.727158&sll=37.0625,-95.677068&sspn=46.226656,93.076172&oq=Laguna+de+Bacalar&t=h&hq=Laguna+de+Bacalar,+Bacalar,+Mexico&z=11
    Nosotros estuvimos gozando el pasado finde en las Lagunas de Ruidera, con un caudal de agua y de gente no visto desde hace 50 años y mostrando colores, vamos a decir, más mercúreos ... para darle postín (ja, ja, ja)
    https://maps.google.com/maps?q=Lagunas+de+Ruidera+Espa%C3%B1a&hl=en&ie=UTF8&ll=38.932974,-2.835159&spn=0.01115,0.022724&sll=18.145852,-88.26416&sspn=3.486461,5.817261&t=h&hnear=Lagunas+de+Ruidera,+Albacete,+Castile-La+Mancha,+Spain&z=16
    ¡¡¡Qué bien estáis haciendo!!!
    Sientiendoos disfrutar, disfrutamos
    Un abrazo fuerte, María (Toño)

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