El pueblo dominicano es profundamente creyente. Salta a la vista muy pronto, solo con ver la enorme cantidad de iglesias y, sobre todo, el ingente número de salmos, alabanzas y demás escritos similares por todas partes. Están escritos en las paredes de casi todos los negocios locales, algunas casas, los coches, las guaguas, incluso las motos. Particularmente me llaman la atención estos últimos. Cada cual elige el suyo, como esa omnipresente Suzuki monocilíndrica en la que se podía leer "Jesús te ama y quiere sarvarte". Digo yo que también podría aprovechar para educarte.
Hay muchos textos repetidos, uno de los más habituales es "Cristo es la salvación. Búscalo" o variantes muy parecidas. Los niños, obedientes al mandato se pasan el día en la calle buscándolo porque en la escuela ya han debido descartar encontrarlo. Pero siempre encuentras alguno nuevo que te sorprende, como hoy que hemos visto en la fachada de un colmado la frase "Renuncia a 666. Jesús es la salvación". Me ha hecho bastante gracia el tabú.
A mi entender, el pueblo dominicano es profundamente creyente en apariencia solo para esconder que, en realidad es un pueblo extremadamente escéptico. Siglos acumulados de decepciones parecen haber cincelado una desconfianza generalizada en que el futuro traiga algo mucho mejor. Eso explica que aquí se vive siempre en el presente. Cuando alguien cree en el progreso, el presente no existe. Queda aplastado entre lo que fue y todo lo bueno que está por llegar. Aquí el presente se extiende indefinidamente ocupando el vacío que deja el futuro al que no se espera.
Esa es la esencia que destila este país a primera vista, un presente infinito. Un presente lleno de días idénticos, una secuencia de hoys sin mañana. Y el presente es muy distinto si se toma como entrante o como plato principal.
Los lemas de la pasada campaña política, que ha dejado su recuerdo en unos carteles que parecen durar hasta la siguiente, están redactados en armonía con este escepticismo. Solo eso explica que sean tan exageradamente optimistas. Se han pasado de rosca. Los carteles de Danilo Presidente, que no sé si se acercan más a Zapatero o al Atilano de La Cuadrilla, incluyen frases que anuncian un mundo tan perfecto que incluso el paraíso debería mejorar sus servicios para parecer atractivo. Y la alternativa presidencial la ocupa Papá. Sí, como suena. Un hombre cuyo nombre no figura escrito -y quiero pensar que los locales sí conocen- lidera una campaña bajo el lema "Llegó Papá". Retórica electoral de muchos quilates para una contienda por el puesto de presidente. Las imágenes de los candidatos, con sus esposas o sus "vices" también son documentos gráficos interesantes, pero como seguimos con problemas con las fotos gracias a Mr. Google habrá que esperar.
Bien pensado, el mayor acto de fe en el futuro que hemos presenciado es, en mi opinión, el de transportar la bombona de butano en la moto, que exige que el conductor crea firmemente en la posibilidad de mantenerla agarrada con una mano hasta el destino sin perder el equilibrio sujetando el manillar con la otra. Sin esa predisposición del espíritu esa gesta se me antoja imposible. Todo lo más se puede llegar a circular en esas mismas motos con otros tres pasajeros.
Nosotros no hemos llegado a ese récord y nos hemos quedado en tres, el motorista "conchero" y nosotros dos. Aclaro que el término se refiere a un servicio de taxi. Así, con la misma raíz se habla de conchear, de concheros, de motoconchos... Ese curioso transporte ha sido la etapa final de nuestro día de hoy, tras volver de avistar ballenas jorobadas en la bahía de Samaná. Un espectáculo sublime. Aparte de poder ver un pequeño grupo saliendo a menudo a respirar mostrándonos sus cuerpos y alguna vez sus colas, hemos tenido la suerte de ver a un par de estos gigantes saltar mostrando la mitad emergente de su cuerpo. Un animal de quince metros de largo y muchas toneladas de peso moviéndose con la gracilidad de la natación sincronizada. Lástima que no conseguimos ver la prueba por equipos.
Las ballenas se quedarán aquí hasta marzo apareándose. Nosotros nos iremos, en principio, en un par de días. La península de Samaná nos dejará recuerdos de las espectaculares playas del Cayo Levantado, de los mamíferos marinos, de las empanadas argentinas de José Luis. Y como siempre, de la gente que hemos conocido. Alojados con nosotros han estado Ike y Toni, un par de músicos que han decidido embarcarse en una aventura para vivir con su música de otra manera. Ike tiene el cuerpo de Popeye y una cara tan simpática que hace que no dé miedo acercarse a él. Su barba està tan perfectamente perfilada que parece dibujada. Algo así como la de George Michael cuando cantaba Faith. Toni vive en Florida pero es de padre sevillano como delata su acento inmediatamente. Ambos se han juntado para cambiar sus vidas. Salieron de Florida hace unas semanas y han navegado hasta aquí, donde su escala se ha alargado un poco para reparar algunas averías en su barco. Su destino son las Islas Virgenes y allí amenizarán con su música a turistas y locales, como hicieron con nosotros, salvo que lo harán como forma de vida.
La hsitoria de Paul, el médico norteamericano con su propia avioneta queda para otra entrega... Y la de Juan, David y el resto del personal de Scubaquatic.
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