lunes, 29 de octubre de 2012

La salud es lo primero

Cada vez que en alguna conversación sobre el viaje sale el tema de la salud, no puedo evitar recordar el resoplido del señor que nos atendió en el despacho de Sanidad Exterior allá por mitad de septiembre, cuando a la pregunta de a qué país íbamos respondimos contando nuestros planes de viaje. Bajó la mirada, resopló y dijo algo como "¡Uf! ¿Por dónde empiezo?" Luego se giró, recogió una buena colección de folletos de distintos montones y empezó su explicación y su serie de preguntas más específicas.

Después de esas informaciones de Sanidad Exterior, investigar por nuestra cuenta y los consejos de otros viajeros, nuestro cuidado de la salud (aparte de esta vida tan sana que llevamos, solo interrumpida por alguna sesión de ejercicio y algún día de dieta mediterránea) se basa en tres pilares: El seguro médico de viaje, las vacunas y el botiquín.

El seguro nos ha dado algún que otro quebradero de cabeza. El que no haya buscado nunca uno de este tipo podrá, en cualquier caso, hacerse a la idea  si intenta hacer una comparación exhaustiva de las garantías cubiertas por otros tipos de seguros. Es impresionante la variedad de casos que se les han ocurrido a los redactores de esta literatura tan prosaica. Pero como el objetivo principal era cubrir los gastos médicos de emergencia en cualquier circunstancia, hemos optado por contratar con World Nomads. Además de ser el seguro que mejores coberturas ofrece para actividades supuestamente de riesgo (el senderismo es, por cierto, en la mayoría de este tipo de seguros una actividad de riesgo excluida) te permite descubrir deportes de lo más exótico y conocer sus nombres en inglés. Así he aprendido que tirarse colina abajo metido dentro de una bola de plástico se llama "zorbing" o que volar en ala delta se llama "hang gliding" y me lo he pasado como un enano viendo vídeos de bouldering doméstico.

Menos caro pero más sacrificado ha sido el tema de las vacunas. Ese simpático señor que nos atendió en Sanidad Exterior terminó de convencernos de que nos sometiéramos a unas semanas intensivas de inyecciones. ¡Y menos mal que hay un par de vacunas que han inventado en formato oral! Como la de la fiebre amarilla es obligatoria en algunos países, ese era nuestro punto de partida y gracias a ella, aparte de un pinchazo más, tenemos una preciosa cartilla amarilla con el registro de esa y de todas las demás muestras de bichos -supuestamente debilitados- que nos han metido en el cuerpo: cólera, tifus, hepatitis varias y rabia. Al menos tranquiliza saber que en un viaje tan largo, y en el que seguro que nos esperan momentos complicados, estamos a salvo de ataques de cólera y rabia. Vamos, que parece que nos hubieran puesto las vacunas del buenrollismo.

Ese simpático señor que resoplaba nos dio también un folleto con recomendaciones para un botiquín de viaje que hemos complementado con nuestra propia experiencia y con algún consejillo médico familiar. Hacer el botiquín ha sido más divertido que vacunarse, sin duda. Porque aparte de seleccionar qué llevar y cuánto de cada remedio hay que elegir dónde guardarlo y cómo ordenarlo. Como el espacio y el peso siguen siendo nuestra obsesión, hacer el botiquín ha sido como recoger los juguetes en su caja después de usarlos, no hay manera de que todo quepa en su sitio.

Así de protegidos saldremos, ya nos diréis en vuestros comentarios qué nos falta y qué nos sobra. Vamos con el deseo de no necesitar nada de todo esto pero con la intención de que nada nos arruine nuestro viaje. Y tener que pagar varios miles de dólares por cada día de hospitalización en USA puede hacerlo. Ojalá solo volvamos con la caja de Ibuprofeno agotada.

viernes, 19 de octubre de 2012

Reacciones

¿Cómo reaccionarías si tu hijo te dijera que deja el trabajo y se va a dar la vuelta al mundo? ¿Y tu compañera de trabajo? ¿Y tu amiga? ¿Un vecino? Lo más probable es que encuentres la respuesta en los siguientes párrafos.

Es obvio que se trata de una noticia que no deja indiferente. No porque se absolutamente novedosa, sino porque, como nos dicen algunos, raramente se conoce a alguien cercano que lo ha hecho. Todo el mundo ha oído de algún caso, pero no suele ser tu primo directo. Esto en algunos casos desata una especie de orgullo familiar, un arrebato que se expresa algo así como: "¡Qué fuerte! ¡Mi primo se va a dar la vuelta al mundo! No alguien del que he oído hablar, ¡mi primo!" Ni que decir tiene que esto te crea un cierto sentido de la responsabilidad.

En el entorno más cercano puede ocurrir que lo reciban con sorpresa pero con la naturalidad de cualquier decisión, solo un poco más alterados que cuando anuncias en medio de una comida familiar que necesitas ir al baño. Pero también se puede desencadenar una secuencia que finaliza en la expresión "¿Os habéis vuelto locos?" Esta secuencia suele empezar con un silencio incómodo y una serie de cruces de miradas entre el aspirante a viajero y los "damnificados" y de estos entre sí. Continúa con una lista de preguntas digna de un interrogatorio en Guantánamo, pero con dos polis buenos. Como ya llevas el tema trabajado desde hace un tiempo, tienes respuesta para todas las cuestiones prácticas que te lanzan, lo que da paso a la siguiente fase, la de los porqués. Esta fase es complicada porque  es difícil hacer entender que lo dejas todo y sales del país sin que te persiga una mafia moldava, una amenaza de desahucio o dos años de infructuosa búsqueda de trabajo. La falta de entendimiento en esta fase es la que desemboca en la única explicación posible, están locos. 

Otra reacción típica se podría denominar de envidia sana. Es la de aquellos que sienten que les encantaría hacerlo pero no pueden dar el paso o no se deciden. Puede que muchos de ellos tengan el concepto idealizado más que una idea precisa, pero notas inmediatamente en su cara una expresión que muestra interés por lo que cuentas y un punto de complicidad. Lo curioso es que esta situación se puede dar con un completo desconocido, como el farmacéutico cuando te pregunta dónde vas a viajar mientras rebusca en los cajones la vacuna del cólera. Invita a la reflexión el hecho de que en este tipo de situaciones, casi siempre aparece la frase "yo, si pudiera, también lo haría".

Hay, sin embargo, otra envidia con peor salud, tocada de un puntito de desconfianza y de mala leche. Es la que reflejan aquellos que de sopetón te echan en cara lo rico que debes ser o te preguntan si te ha tocado la lotería. Es el caso menos frecuente, pero también el que menos preparado estás para afrontar. Como era de esperar, de los pocos casos en que ha ocurrido, la mayoría tenían bastante más dinero que nosotros.

En esencia, unos pocos piensan que el último gelocatil que tomaste estaba adulterado, otros querrían verse en tu pellejo y otros están deseando que empieces para seguirte. Porque hay gente que, en seguida, se acuerda de que tiene un familiar o un amigo en algún país lejano que seguro vas a visitar. Y están encantados de aportar ese granito de arena a tu aventura. Habrá que ver si los susodichos están igual de encantados de que les hayan nombrado...

Lo que está claro es que casi todo el mundo quiere saber de ti. Ya sea por curiosidad, por cariño o por entretenimiento. En definitiva, siempre tiene su gracia conocer a los protagonistas de una aventura. Y ese afán de saber dónde estás y cómo te va es lo que expresa esa frase que está entre el top de las respuestas: "escribiréis un blog, no?" Bueno, pues aquí estamos, escribiendo este blog, cogiendo ritmo para estar a tope cuando comience el viaje. Un viaje que no sabemos lo que va a durar y que ha de acabar devolviéndonos a casa o estableciéndonos en algún remoto lugar al que vendrán a buscarnos unos reporteros de nuestro país. Porque si hay una frase que nos han dicho en todos estos meses de compartir nuestros planes es "vosotros acabaréis saliendo en españoles en el mundo". Yo creo que pocos programas han calado tanto en el público de todas las edades como esos en los que unos felices expatriados nos enseñan el entorno en el que viven y las costumbres de sus vecinos.

Como para ser protagonista de esos programas hacen falta dos requisitos, establecerse de manera permanente y triunfar (aun están por ver las historias de todos los que salieron y fracasaron), de momento solo aspiramos a utilizar este blog para dar noticias de nuestra posición, nuestras peripecias y para pedir sugerencias, consejos, advertencias, contactos, ayuda... Y, en definitiva, seguir provocando reacciones.

sábado, 13 de octubre de 2012

Viaje al centro de nosotros mismos


¿Quién no ha deseado alguna vez que se detenga el tiempo? ¿Quién no ha soñado viajar por el mundo con el reloj parado? Pues esa es precisamente la aventura que estamos a punto de emprender. Un viaje sin prisas, escapando del transcurso del tiempo, moviéndonos paralelos a él, sin saber si un mes es un mes o un año, solo contando las noches, como Scheherezade.

En este mundo moderno en que vivimos, el tiempo no te deja libre tan fácilmente. ¿Cuántos trámites hemos tenido que pasar? ¿Cuántas instancias hemos debido rellenar? ¿Cuántos contratos hemos firmado? Todo eso para conseguir la autorización de Cronos, que finalmente parece que se aviene a liberarnos, aunque sea con condiciones.

Hace ya meses que tomamos esta decisión. Vamos a viajar para conocer el mundo como solo lo descubre el viajero, sin ataduras temporales y, casi diría, sin ataduras materiales. Pararemos cuando sintamos la necesidad de parar y avanzaremos mientras vuelve a aparecer esa necesidad. Allá donde corresponda, trabajaremos al ritmo de la vida, evitando vivir al ritmo del trabajo. Vamos a cambiar el armario por una mochila, los tacones por las chanclas, la cama por el saco. No hay lugar para muchos lujos en esta aventura. Parar el reloj es suficiente lujo.

También viajamos sin itinerario, esa palabra que inmediatamente aparece en las conversaciones cuando compartes tu plan. Si hemos de ser certeros con el lenguaje no vamos a dar la vuelta al mundo sino, como sugiere el título de este blog, vamos a darnos una vuelta por el mundo. El plan es muy sencillo, vamos a buscar las Indias por Occidente, como hiciera Colón. Luego, dejaremos que el propio viaje nos sorprenda y nos guíe. Qué lugares visitaremos y cuánto tiempo pasaremos en cada uno lo iremos decidiendo sobre la marcha.

Lo que sí sabemos es que cuantos más lugares conozcamos y más cosas cosas aprendamos más nos descubriremos a nosotros mismos. Y cuanto más nos alejemos más nos adentraremos en el centro de nosotros mismos.

Ahora solo queda ultimar preparativos y empezar.