sábado, 24 de noviembre de 2012

La montaña rusa

Estamos sentados en el exterior de la oficina de la Marina de Santa Cruz de Tenerife. Es una especie de terraza junto a un edificio a medio construir, con una estructura metálica a modo de tejado, dos máquinas de vending, unas pocas mesas con sillas, un alargador con cuatro tomas de corriente colgando de un cable pasado sobre una viga y... ¡WiFi!

La capacidad de concentrar gente que tiene esta tecnología es digna de estudio sociológico. Evidentemente, nosotros estamos aquí por eso. Y también porque aquí cargamos nuestros móviles mientras conocemos gente. Ahora mismo estamos diez, cada uno con su aparato conectable. Hace unos minutos nos hemos despedido de Lucas. Él es, ahora mismo, lo más cerca que estamos de alcanzar nuestra meta. Y aún estamos a un par de carambolas de distancia. Acabamos de rechazar la oferta de un charter por varias razones, una de ellas económica, pero no la única. Tal vez ni siquiera la menos importante.

Paradójicamente, tenemos más opciones de barco para volver que para ir. Un hombre de mar de Málaga que tiene plazas para la travesía de vuelta nos ha animado y aconsejado desde la distancia aun sin conocernos (gracias, Carlos) y nos ha ofrecido la opción de navegar hacia acá... Pero ni siquiera hemos salido.

Hace un par de días, en la terraza del bar del terminal de ferrys, donde también hay WiFi y donde también se concentra la gente incluso después del cierre, buscábamos vuelos para salir hacia América. Ya empezábamos a desechar la idea de continuar intentándolo. Decidimos darnos una tregua y movernos por la isla en lugar de tener una sobredosis de espera en el puerto agravada por otra larga serie de negativas. No supimos ser turistas ni supimos aguantar aquí, así que nos quedó una mezcla rara. Ni disfrutas como deberías ni sufres cuanto podrías...

Después de circular por la isla viendo el Teide desde todos los ángulos, anoche volvimos al puerto de Santa Cruz. Sigue entrando y saliendo gente nueva y así hemos conocido esta mañana a Lucas, que intenta cruzar con su mujer, sus tres niños y una pareja de amigos pero prevé bajas. Esa posibilidad nos levanta el ánimo después de que ayer comprobáramos que ya casi no quedan opciones de conseguir un vuelo a América a precio razonable. 

Mañana empieza en Gran Canaria la regata que nos trajo a las islas. Nosotros preferimos seguir en Tenerife, donde el ambiente es mucho más relajado y agradable, donde hay menos competencia pero también muchos menos barcos y, sobre todo, donde hemos recibido algo más que negativas secas. Bernat finalmente consiguió salir anteayer con Denis y además de navegar, seguro que tocan juntos todos y cada uno de los días de la travesía. ¡Buenos vientos para ellos!

Hoy nos volveremos a establecer en la Pensión Mova. Después de tres días en ruta a bordo de nuestra furgoneta espartana, esta noche toca cama. Y las próximas... ¿ya en un barco?

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