Segundo día en Las Palmas de Gran Canaria. Comenzamos a formar parte del ecosistema de los buscadores de barcos. Pero no somos más que un par de recién llegados en un colectivo de gente que lleva aquí ya un tiempo. Hoy hemos conocido a varios de ellos, pero sobre todo, hemos compartido un buen rato con Bernat, un chico que se fue andando desde Cataluña hasta Lisboa, de ahí a Cádiz y llegó en ferry a Gran Canaria hace ya seis semanas. Bernat va todos los días al puerto y ya se conoce todos y cada uno de los barcos amarrados en el puerto listos para la regata que zarpa dentro de diez días. Él ya ha conocido a alguien que ha conseguido barco. Pero son los menos. El puerto acoge todos los días a un buen grupo de gente que se deja ver en el Sailor's, que se pasea por los pantalanes y que pregunta barco a barco si necesitan tripulantes.
Bernat se gana la vida tocando el violín en la calle y no tiene prisa por salir. Los otros barco-stopistas puede que tampoco. Y son varios. Decenas. Nosotros solo hemos hablado con unos pocos, pero el tablón del Sailor's acoge al menos unos cincuenta anuncios, muchos de ellos replicados por las entradas de los pantalanes. Casi todos coinciden en que será más fácil encontrar barco cuando salga la regata y lleguen barcos para hacer la travesía por libre. Mientras, esperaremos e intentaremos buscar algún plan alternativo para acelerar este proceso de alcanzar un barco que me recuerda un poco a las peripecias del agrimensor K para alcanzar el castillo.
Ayer, nuestro primer día aquí, todo parecía diferente. Nada más llegar al puerto conocimos a un par de isleños hospitalarios que empezaron a mover sus contactos a ver si alguno nos podía ayudar. Y ellos mismos nos ayudaron a encontrar un alojamiento mejor que el que nosotros habíamos reservado desde la península. Ahora, al mismo precio, tenemos una cocina dentro de la habitación y podemos cocinarnos algo. Isa y Óscar pasaron casi todo el día con nosotros y compartimos con ellos unas papas y unos longorones (pescaditos fritos). Nos llevaron en coche de acá para allá y no pararon hasta que conseguimos un apartamento por el precio de la habitación doble que nos habían dado al llegar.
A Isa y Óscar los conocimos después de patearnos todo el muelle de carga en busca del puerto deportivo. También aquello nos animó porque en la zona de carga nos dijeron que en los mercantes es muy complicado conseguir trabajar sin venir por una agencia pero que en los veleros todo el mundo conseguía encontrar un barco. Era un gran presagio para nuestra primera mañana, que había comenzado intensamente, con un madrugón para volar a las 7 y nuestro primer paseo con la mochila, ya en Las Palmas, desde la terminal de autobuses de San Telmo hasta la Playa de Las Canteras. Por cierto, un paseo más largo que agradable y no solo por el peso de nuestros equipajes.
Ahora, de noche, cansados de andar todo el día (qué largo es un puerto) y de recibir negativas tantas veces como hemos preguntado, aprovechamos para hacer un primer rediseño del contenido de las mochilas. No se puede tener todo en la vida, o se viaja o se corre, por ejemplo. Cada vez iremos más ligeros, cada vez seremos más ligeros. Que el viento decida... El mismo viento que impulsará a los británicos, escandinavos, alemanes e italianos que hoy nos dijeron que sus barcos ya estaban completos.
Por cierto, Juan (Olivera), de momento, vamos según presupuesto...
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