martes, 27 de noviembre de 2012

El arco iris

Insistentemente viene a mi memoria la película de Casablanca. Falta su protagonista, y la brillante trama y su desenlace son mucho más intensos y excitantes de lo que aquí hemos vivido. Pero la atmósfera en la que se desarrolla esa trama es muy similar a la que se vive en el puerto a la espera de un barco. En Santa Cruz no hay ningún Rick. O, tal vez sí lo haya pero no tiene ningún protagonismo. En Las Palmas sí hay un Rick's, aunque nadie toque un piano y su dueño no tenga más relación con el mar que la oportunidad de negocio que allí descubrió. Pero el puerto de Las Palmas tiene su propio Rick's, el Sailor's, donde se juntan todos los que han recorrido algún tramo de Europa o del norte de África y han recalado en el puerto esperando encontrar una salida hacia América.

Mientras se espera, los días se hacen largos y unos esperan junto a otros en el Sailor's. Allí se supone que se puede conseguir el salvoconducto que ponga fin a la letanía. O al menos allí es donde se escuchan las historias de otros que ya lo consiguieron. Pero aparte de las habituales gestiones para buscar barco, principalmente se espera... Se espera con una dimensión totalmente diferente a la que se conoce en las ajetreadas vidas urbanas. Aquí realmente cobra sentido la palabra esperar.

En el punto WiFi de la marina de Santa Cruz no se llega a reproducir un ambiente parecido. Aquí, que hasta ahora estábamos solos con Clara y Emilio, ayer se nos unieron Manu, Pancho y Nikos. Sonamos como el inicio de un chiste: "Están un griego, un chileno, un italiano, un alemán y tres españoles..." Y vivimos con la alegría de los personajes de un chiste. Compartimos nuestra comida juntándonos alrededor de una de las mesas. No hay ningún veterano. Los más antiguos del lugar llevamos solo unos pocos días aquí. No valdríamos ni como figurantes para el Rick's.

Todo el mundo lo conoce por el punto WiFi pero aquí la conexión es casi lo de menos de tan pobre que es. Realmente, es más caprichosa que pobre. La contraseña pasa de mano en mano, de los antiguos a los nuevos, de los que tienen barco a los que no y luego de vuelta. Es el testigo de esta comunidad. Los que esperan al cambio del tiempo la quieren para actualizar sus partes meteorológicos. Los que llevan ya un trecho navegado desde sus casas antes de esta escala llaman a sus familias o a sus amigos o... Otros actualizan sus buzones de correo o simplemente se entretienen.

Pero aparte de esas ondas caprichosas, todos aprovechamos sus mesas. Nosotros más que nadie. Allí nos sentamos a compartir nuestra comida o nuestra cena. Estos días atrás con Clara y Emilio, amoldándonos a una dieta basada en frutas y verduras crudas en la que basan su alimentación. Ayer con los nuevos compañeros de chiste. De estos días de comidas compartidas quedan muchas lecciones, pero una frase resuena constantemente. Hace dos noches, empezando a cenar los cuatro juntos, les preguntábamos dónde iban a dormir. No era demasiado tarde pero ya era noche cerrada. La noche anterior aun habían dormido en el barco que les trajo de Gran Canaria. Ese día comentaban algunas posibilidades que habían estado explorando pero con absoluta tranquilidad, a nuestra pregunta respondieron "ahora no es momento de preocuparse por eso. Cada cosa a su tiempo. Ahora hay que ocuparse de la cena. Una vez cenados nos preocuparemos de eso".

Aparte de la sutileza gramatical de la inoperancia del prefijo "pre", no pude evitar comparar esa manera de pensar con el extremo opuesto, aquellos que tres meses antes de iniciar un viaje ya tienen reservado dónde van a pasar cada una de sus noches. No pretendo emitir ningún juicio ni apostar aquí por ninguna de las posiciones, en medio de las que nos hayamos. 

Hoy nos separamos, no sabemos si por poco tiempo o por mucho. Nosotros partimos hacia el sur. La guagua nos lleva hacia la Marina de San Miguel donde nos espera una posibilidad tangible. Volvemos a partir con nuestras mochilas hacia el calor del sur de la isla, aunque estos días siempre regados con una lluvia que nos anuncia el trópico que buscamos.

Ayer, justo cuando empezábamos a renegar de tanta lluvia -o quizá precisamente por ello- esta nos regaló un maravilloso arco iris. Poco a poco fue aumentando su brillo hasta cobrar una enorme intensidad en la que cada uno de los colores se identificaba de manera nítida. Incluso, por un momento, llegaron a formarse dos arcos concéntricos, el externo bastante más tenue. No nos quedó más opción que rectificar y dar gracias a la lluvia por esa maravilla. Ese ha sido, junto a la salida de una regata con enormes barcos desplegando sus velas, el momento visual más bello de estos días en el puerto de Santa Cruz.

A diferencia de lo que ocurre en Casablanca, aquí en Las Islas hay más de un sitio donde encontrar tu salvoconducto. Y nosotros vamos en busca del nuestro. El que se nos negó cuando Lucas nos anunció que finalmente no podría llevarnos a pesar de lo bien que habíamos conectado porque nadie se echaba para atrás como esperaba. Y si no lo encontramos, al menos, habremos seguido el sabio consejo de la Carrá.

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