viernes, 30 de noviembre de 2012

¡Allá vamos!

La luna llena ya está sobre nosotros, pero hace solo un rato asomaba justo por encima del Teide cuando volvíamos con la guagua al puerto. Mientras nuestros cuerpos digieren la cena que acabamos de tomar y nuestros espíritus las hermosas vistas de la Gomera que hemos disfrutado esta tarde en el camino entre San Sebastián y Playa de Santiago nos recogemos en nuestro camarote de proa del Bright, donde esta noche dormiremos por tercera vez. 

Tanto invocar a Casablanca, al final Ilsa y Victor consiguieron su salvoconducto gracias a un acto de generosidad, aunque no mediaran Paris, una melodía al piano ni ningún amor reencontrado. Fue tan solo un acto de generosidad por parte de un desconocido, Massimo, que desde su barco amarrado en el puerto de Santa Cruz debió alumbrar cierta simpatía hacia nosotros y nos recomendó a sus amigos del Bright. Tampoco intentó interponerse ninguna autoridad y quiero pensar que nadie ha perdido su pasaje para que nosotros obtengamos el nuestro. Así ha sido nuestra propia Casablanca descafeinada.

Con la recomendación de Massimo dejamos Santa Cruz hace ya tres días. En la marina de San Miguel, Aldo y compañía nos recibieron con hospitalidad latina. Empezamos a conocernos compartiendo nuestra torta de coco con su vino blanco. Nos acogieron en su barco haciéndonos sentir desde el primer momento como uno más. Y eso que desplazamos a Graziano de vuelta al minicamarote. Pues ni aun así le hemos visto perder la sonrisa en ningún momento. 

Cuando teníamos la lección de la espera bien aprendida, pero mucho antes de llegar a la de la desesperación, nos llegaba esta oportunidad tan magnífica. No solo teníamos un barco sino uno con una gente excelente. Contuvimos la euforia hasta que todos confirmamos un día después que, a priori, podríamos formar buen equipo para superar juntos la prueba de estar alrededor de tres semanas en medio del océano, sin dar ni recibir noticias del exterior, sin ver más que agua y cielo a nuestro alrededor, compartiendo una rutina y algunas restricciones que limitan la comodidad y, sobre todo, viviendo todos esos días a merced del viento. Viviendo por y para el viento, obsesionados con el viento, que decidirá si la aventura se completa en veinte días o si hacen falta más.

Serán días en que los seis estemos a solas con el viento y el mar. Habrá momentos en que aun así seamos demasiados y otros en que nos sintamos solos. Hace dos semanas vinimos a las Canarias buscando esto y aquí lo tenemos. Después de navegar durante unas horas ayer entre el sur de Tenerife y La Gomera y después de la travesía que nos espera mañana hasta El Hierro, afrontaremos el cruce del Atlántico. A veces mecidos y a veces propulsados por los alisios a los que nos encomendamos. Para complicar un poco la ecuación de la soledad y la compañía, Massimo navegará él solo con su barco junto a nosotros.

Vamos a Martinica, una pequeña isla de las Antillas Orientales que todavía forma parte del territorio francés y a la que se puede llegar en un vuelo de unas pocas horas desde París. Pero ahora toca aprender la lección de la inmensidad. ¿Cómo podemos entender las dimensiones del mundo en que vivimos si cruzar un océano se puede conseguir en seis horas? Si se tarda más en cruzar el control de inmigración en Heathrow que en llegar hasta allí desde Madrid. Martinica, esa pequeña isla que será la primera tierra que pisemos tras la travesía, ¡nos parecerá tan enorme! Y estoy seguro de que hay más lecciones en el programa, solo que no están anunciadas en el temario.

Al ritmo al que se mecen los barcos en el puerto y los obenques golpean por el viento se agitan nuestros ánimos, alimentados a partes iguales de excitación, entusiasmo y respeto. Completamos la última lista de la compra con la que el barco completará las provisiones para incluir a los recién llegados y lo hacemos sintiendo una solemnidad de que este acto ya es parte de la travesía. Bajo nuestros pies, cientos de litros de agua que mañana rellenaremos. Desayunos, comidas, cenas y bebidas como si nos fuéramos a refugiar de un ataque nuclear ocuparán todos los rincones de este barco, en que cada elemento que puede almacenar algo lo hace. Ni un centímetro cúbico de espacio se desperdicia en un barco, todo cuenta.

Las últimas noticias desde el Antiguo Mundo saldrán desde el puerto de la Restinga, en El Hierro. Luego callaremos hasta llegar al Nuevo.

martes, 27 de noviembre de 2012

Gira il mondo gira

En unas horas todo ha cambiado y... ¡estamos embarcados!
Mañana vamos a Gomera. Si todo va bien, de ahí ya saldremos para América con Aldo y el resto del equipo.

¡Grazie Massimo!

El arco iris

Insistentemente viene a mi memoria la película de Casablanca. Falta su protagonista, y la brillante trama y su desenlace son mucho más intensos y excitantes de lo que aquí hemos vivido. Pero la atmósfera en la que se desarrolla esa trama es muy similar a la que se vive en el puerto a la espera de un barco. En Santa Cruz no hay ningún Rick. O, tal vez sí lo haya pero no tiene ningún protagonismo. En Las Palmas sí hay un Rick's, aunque nadie toque un piano y su dueño no tenga más relación con el mar que la oportunidad de negocio que allí descubrió. Pero el puerto de Las Palmas tiene su propio Rick's, el Sailor's, donde se juntan todos los que han recorrido algún tramo de Europa o del norte de África y han recalado en el puerto esperando encontrar una salida hacia América.

Mientras se espera, los días se hacen largos y unos esperan junto a otros en el Sailor's. Allí se supone que se puede conseguir el salvoconducto que ponga fin a la letanía. O al menos allí es donde se escuchan las historias de otros que ya lo consiguieron. Pero aparte de las habituales gestiones para buscar barco, principalmente se espera... Se espera con una dimensión totalmente diferente a la que se conoce en las ajetreadas vidas urbanas. Aquí realmente cobra sentido la palabra esperar.

En el punto WiFi de la marina de Santa Cruz no se llega a reproducir un ambiente parecido. Aquí, que hasta ahora estábamos solos con Clara y Emilio, ayer se nos unieron Manu, Pancho y Nikos. Sonamos como el inicio de un chiste: "Están un griego, un chileno, un italiano, un alemán y tres españoles..." Y vivimos con la alegría de los personajes de un chiste. Compartimos nuestra comida juntándonos alrededor de una de las mesas. No hay ningún veterano. Los más antiguos del lugar llevamos solo unos pocos días aquí. No valdríamos ni como figurantes para el Rick's.

Todo el mundo lo conoce por el punto WiFi pero aquí la conexión es casi lo de menos de tan pobre que es. Realmente, es más caprichosa que pobre. La contraseña pasa de mano en mano, de los antiguos a los nuevos, de los que tienen barco a los que no y luego de vuelta. Es el testigo de esta comunidad. Los que esperan al cambio del tiempo la quieren para actualizar sus partes meteorológicos. Los que llevan ya un trecho navegado desde sus casas antes de esta escala llaman a sus familias o a sus amigos o... Otros actualizan sus buzones de correo o simplemente se entretienen.

Pero aparte de esas ondas caprichosas, todos aprovechamos sus mesas. Nosotros más que nadie. Allí nos sentamos a compartir nuestra comida o nuestra cena. Estos días atrás con Clara y Emilio, amoldándonos a una dieta basada en frutas y verduras crudas en la que basan su alimentación. Ayer con los nuevos compañeros de chiste. De estos días de comidas compartidas quedan muchas lecciones, pero una frase resuena constantemente. Hace dos noches, empezando a cenar los cuatro juntos, les preguntábamos dónde iban a dormir. No era demasiado tarde pero ya era noche cerrada. La noche anterior aun habían dormido en el barco que les trajo de Gran Canaria. Ese día comentaban algunas posibilidades que habían estado explorando pero con absoluta tranquilidad, a nuestra pregunta respondieron "ahora no es momento de preocuparse por eso. Cada cosa a su tiempo. Ahora hay que ocuparse de la cena. Una vez cenados nos preocuparemos de eso".

Aparte de la sutileza gramatical de la inoperancia del prefijo "pre", no pude evitar comparar esa manera de pensar con el extremo opuesto, aquellos que tres meses antes de iniciar un viaje ya tienen reservado dónde van a pasar cada una de sus noches. No pretendo emitir ningún juicio ni apostar aquí por ninguna de las posiciones, en medio de las que nos hayamos. 

Hoy nos separamos, no sabemos si por poco tiempo o por mucho. Nosotros partimos hacia el sur. La guagua nos lleva hacia la Marina de San Miguel donde nos espera una posibilidad tangible. Volvemos a partir con nuestras mochilas hacia el calor del sur de la isla, aunque estos días siempre regados con una lluvia que nos anuncia el trópico que buscamos.

Ayer, justo cuando empezábamos a renegar de tanta lluvia -o quizá precisamente por ello- esta nos regaló un maravilloso arco iris. Poco a poco fue aumentando su brillo hasta cobrar una enorme intensidad en la que cada uno de los colores se identificaba de manera nítida. Incluso, por un momento, llegaron a formarse dos arcos concéntricos, el externo bastante más tenue. No nos quedó más opción que rectificar y dar gracias a la lluvia por esa maravilla. Ese ha sido, junto a la salida de una regata con enormes barcos desplegando sus velas, el momento visual más bello de estos días en el puerto de Santa Cruz.

A diferencia de lo que ocurre en Casablanca, aquí en Las Islas hay más de un sitio donde encontrar tu salvoconducto. Y nosotros vamos en busca del nuestro. El que se nos negó cuando Lucas nos anunció que finalmente no podría llevarnos a pesar de lo bien que habíamos conectado porque nadie se echaba para atrás como esperaba. Y si no lo encontramos, al menos, habremos seguido el sabio consejo de la Carrá.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Peleando con la tecnología

No disponer de ordenador e ir conectándonos de vez en cuando no pone fácil la tarea de terminar de afinar el blog. Creo que ya funciona el enlace al álbum de fotos, pero un comentario de confirmación no vendría nada mal...

Si todo lo que cuenta la sabiduría de la web es verdad, ahora se tratará únicamente de ir subiendo fotos poco a poco...

La montaña rusa

Estamos sentados en el exterior de la oficina de la Marina de Santa Cruz de Tenerife. Es una especie de terraza junto a un edificio a medio construir, con una estructura metálica a modo de tejado, dos máquinas de vending, unas pocas mesas con sillas, un alargador con cuatro tomas de corriente colgando de un cable pasado sobre una viga y... ¡WiFi!

La capacidad de concentrar gente que tiene esta tecnología es digna de estudio sociológico. Evidentemente, nosotros estamos aquí por eso. Y también porque aquí cargamos nuestros móviles mientras conocemos gente. Ahora mismo estamos diez, cada uno con su aparato conectable. Hace unos minutos nos hemos despedido de Lucas. Él es, ahora mismo, lo más cerca que estamos de alcanzar nuestra meta. Y aún estamos a un par de carambolas de distancia. Acabamos de rechazar la oferta de un charter por varias razones, una de ellas económica, pero no la única. Tal vez ni siquiera la menos importante.

Paradójicamente, tenemos más opciones de barco para volver que para ir. Un hombre de mar de Málaga que tiene plazas para la travesía de vuelta nos ha animado y aconsejado desde la distancia aun sin conocernos (gracias, Carlos) y nos ha ofrecido la opción de navegar hacia acá... Pero ni siquiera hemos salido.

Hace un par de días, en la terraza del bar del terminal de ferrys, donde también hay WiFi y donde también se concentra la gente incluso después del cierre, buscábamos vuelos para salir hacia América. Ya empezábamos a desechar la idea de continuar intentándolo. Decidimos darnos una tregua y movernos por la isla en lugar de tener una sobredosis de espera en el puerto agravada por otra larga serie de negativas. No supimos ser turistas ni supimos aguantar aquí, así que nos quedó una mezcla rara. Ni disfrutas como deberías ni sufres cuanto podrías...

Después de circular por la isla viendo el Teide desde todos los ángulos, anoche volvimos al puerto de Santa Cruz. Sigue entrando y saliendo gente nueva y así hemos conocido esta mañana a Lucas, que intenta cruzar con su mujer, sus tres niños y una pareja de amigos pero prevé bajas. Esa posibilidad nos levanta el ánimo después de que ayer comprobáramos que ya casi no quedan opciones de conseguir un vuelo a América a precio razonable. 

Mañana empieza en Gran Canaria la regata que nos trajo a las islas. Nosotros preferimos seguir en Tenerife, donde el ambiente es mucho más relajado y agradable, donde hay menos competencia pero también muchos menos barcos y, sobre todo, donde hemos recibido algo más que negativas secas. Bernat finalmente consiguió salir anteayer con Denis y además de navegar, seguro que tocan juntos todos y cada uno de los días de la travesía. ¡Buenos vientos para ellos!

Hoy nos volveremos a establecer en la Pensión Mova. Después de tres días en ruta a bordo de nuestra furgoneta espartana, esta noche toca cama. Y las próximas... ¿ya en un barco?

martes, 20 de noviembre de 2012

El primer barco

Mientras esto se escribe (no mientras se publica, que eso depende de cuándo encontremos una red WiFi) navegamos en el ferry de Las Palmas a Tenerife. Es el único barco que nos ha aceptado de momento lo que no es decir mucho, claro está, porque vamos con nuestro billete de pasajeros. Visto lo estancado del ambiente del puerto de Las Palmas hemos decidido movernos para buscar otras alternativas mientras sale la regata. Y si allí tampoco encontramos nada, al menos habremos subido al Teide.

En Las Palmas dejamos, de momento, a Bernat con posibilidades de embarcar mañana y a Edu que nos ha acogido en su casa estos dos últimos días. Edu ha sido, aparte de generoso, el broche final a la colección de gente interesante que hemos conocido en Las Palmas. Generoso porque no solo nos ha acogido en su casa sino que también nos ha dejado su Honda Shadow con la que fuimos mirados con curiosidad por todo el mundo en el puerto y la que nos llevó a conocer los barrios de Triana y Vegueta. Además de lo material, Edu ha compartido muchas de las historias acumuladas en sus 70 años de vida, algunas de las cuales le convierten en un personaje muy singular. Esta mañana nos hemos despedido de él cuando iba a impartir sus clases de informática en el centro de mayores y ya se nos hace lejos cuando nos vimos por primera vez el domingo por la mañana en una terraza. El encuentro, esta vez, no fue casual. Edu es padre de un buen amigo. Y desde aquí les damos las gracias a ambos, una cosa más que les une.

Seleccionar entre todas las historias que nos ha contado un hombre que estuvo en su infancia en la cárcel con sus padres, que dirigió un sindicato clandestino durante la dictadura y cuyo pecho emite sonidos metálicos no es sencillo. Pero probablemente no se nos olvide nunca el valor de su madre que, en aquellos años en que se derrochaba tanta tolerancia como cultura, tuvo cuatro hijos con cuatro padres diferentes y a todos les dio el nombre de cada padre y el apellido del que fue su único marido. A todos, menos al pequeño, porque el nombre que le hubiera correspondido no pasaba el corte.

En la isla dejamos también atrás a Lisbeth, su familia y sus barcos. Pero, sobre todo, a Lisbeth y sus LEDs. Gracias a ella y a su negocio, que lleva la luz a la gente de los barcos, pudimos disfrutar de un día de recaderos por los polígonos de la isla. Nunca habría pensado que el carnet de conducir nos hubiera brindado una oportunidad como esa. Luego nos quedamos nosotros con el coche un día más y aprovechamos para movernos por la isla. Vivimos en nuestras carnes los cambios de clima que hacen que los lugareños digan que la isla es un continente en sí misma. Pasamos de la suavidad de Las Palmas a sacar casi toda la ropa de abrigo que llevábamos para subir al Roque Nublo (¿en qué billete salía esta piedra?) y de ahí al calor de las dunas en el sur. ¡No hay forma de mantener una mochila ordenada con esos cambios tan bruscos!

Enamorados de las dunas, a punto estuvimos de dormir allí pero la noche prefirió la lluvia a nosotros y fue el coche quien nos dio cobijo. La que hubiera sido nuestra primera noche en un hotel de mil estrellas acabó aparcados junto al faro de Arinaga.

Ahora, de camino a Tenerife recobramos el tiempo para escribir y seguimos con la rutina de leer que hemos intentado no perder. Aunque no hay color entre leer hoy aquí y ayer al atardecer en la Playa de las Canteras... ¿Volveremos a Gran Canaria? ¿Encontraremos barco en Tenerife? ¿...?

Historias de la radio

Ahora que ya hemos empezado y nos escuchamos dos semanas después de grabar la entrevista, nos invaden dos sentimientos. El primero es la habitual vergüenza de escucharse a uno mismo. El segundo es el de desconfianza hacia cualquier cosa que uno oiga en la radio. ¡Pero qué distinta es la realidad de como nos la imaginamos!

Venciendo esos dos sentimientos, aquí dejamos la grabación de nuestra entrevista en la Cadena SER de Castellón. Por cierto, el hecho de que nos llamen "dos jóvenes de Castellón" no es porque hayamos renunciado ya a nuestros orígenes. Somos tan de Castellón como jóvenes... Pero supongo que había que buscar algún nexo.

https://www.dropbox.com/s/i8q2zn1wxit6s1o/HXH%20ESTAMOS%20DE%20VUELTA.mp3

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El ecosistema

Segundo día en Las Palmas de Gran Canaria. Comenzamos a formar parte del ecosistema de los buscadores de barcos. Pero no somos más que un par de recién llegados en un colectivo de gente que lleva aquí ya un tiempo. Hoy hemos conocido a varios de ellos, pero sobre todo, hemos compartido un buen rato con Bernat, un chico que se fue andando desde Cataluña hasta Lisboa, de ahí a Cádiz y llegó en ferry a Gran Canaria hace ya seis semanas. Bernat va todos los días al puerto y ya se conoce todos y cada uno de los barcos amarrados en el puerto listos para la regata que zarpa dentro de diez días. Él ya ha conocido a alguien que ha conseguido barco. Pero son los menos. El puerto acoge todos los días a un buen grupo de gente que se deja ver en el Sailor's, que se pasea por los pantalanes y que pregunta barco a barco si necesitan tripulantes.

Bernat se gana la vida tocando el violín en la calle y no tiene prisa por salir. Los otros barco-stopistas puede que tampoco. Y son varios. Decenas. Nosotros solo hemos hablado con unos pocos, pero el tablón del Sailor's acoge al menos unos cincuenta anuncios, muchos de ellos replicados por las entradas de los pantalanes. Casi todos coinciden en que será más fácil encontrar barco cuando salga la regata y lleguen barcos para hacer la travesía por libre. Mientras, esperaremos e intentaremos buscar algún plan alternativo para acelerar este proceso de alcanzar un barco que me recuerda un poco a las peripecias del agrimensor K para alcanzar el castillo.

Ayer, nuestro primer día aquí, todo parecía diferente. Nada más llegar al puerto conocimos a un par de isleños hospitalarios que empezaron a mover sus contactos a ver si alguno nos podía ayudar. Y ellos mismos nos ayudaron a encontrar un alojamiento mejor que el que nosotros habíamos reservado desde la península. Ahora, al mismo precio, tenemos una cocina dentro de la habitación y podemos cocinarnos algo. Isa y Óscar pasaron casi todo el día con nosotros y compartimos con ellos unas papas y unos longorones (pescaditos fritos). Nos llevaron en coche de acá para allá y no pararon hasta que conseguimos un apartamento por el precio de la habitación doble que nos habían dado al llegar.

A Isa y Óscar los conocimos después de patearnos todo el muelle de carga en busca del puerto deportivo. También aquello nos animó porque en la zona de carga  nos dijeron que en los mercantes es muy complicado conseguir trabajar sin venir por una agencia pero que en los veleros todo el mundo conseguía encontrar un barco. Era un gran presagio para nuestra primera mañana, que había comenzado intensamente, con un madrugón para volar a las 7 y nuestro primer paseo con la mochila, ya en Las Palmas, desde la terminal de autobuses de San Telmo hasta la Playa de Las Canteras. Por cierto, un paseo más largo que agradable y no solo por el peso de nuestros equipajes.

Ahora, de noche, cansados de andar todo el día (qué largo es un puerto) y de recibir negativas tantas veces como hemos preguntado, aprovechamos para hacer un primer rediseño del contenido de las mochilas. No se puede tener todo en la vida, o se viaja o se corre, por ejemplo. Cada vez iremos más ligeros, cada vez seremos más ligeros. Que el viento decida... El mismo viento que impulsará a los británicos, escandinavos, alemanes e italianos que hoy nos dijeron que sus barcos ya estaban completos.

Por cierto, Juan (Olivera), de momento, vamos según presupuesto...

viernes, 9 de noviembre de 2012

¿Preparados...?

Con los billetes de avión recién sacados, los preparativos del viaje están en su fase final. Unos preparativos que comenzaron hace ya muchos meses, técnicamente podríamos decir que por diciembre del año pasado, y que hoy, a falta solo de siete días para volar, todavía nos han ocupado todo el día.

A mitad de camino entre el inmovilismo y el perroflautismo, este viaje refleja tal vez cómo somos. Igual que somos capaces de dar el paso de arrancar esto sin pensar que estamos locos, tampoco vamos dejando todo a lo que surja. Las vacunas de la entrada anterior son un ejemplo. Si el médico del servicio de Sanidad Exterior nos las recomendó, nosotros a pincharnos inmediatamente. Es cierto que no todo lo que nos dijeron allí tenemos intención de aplicarlo. No sé cómo desembocó ahí la conversación, pero uno de los enfermeros que nos pinchó nos contaba que un método para defenderse de un león era meterle el puño en la garganta, lo que le provoca al animalito unas náuseas que parece que le llevan a soltarte. 

De la primera época de preparativos recuerdo sobre todo el ahorro. Al tomar la decisión y para intentar ahorrar lo antes posible el dinero que habíamos calculado, cambiamos nuestros hábitos para prescindir de lo superfluo. También creo que en esta etiqueta de lo superfluo volvemos a caer en un terreno intermedio. Prescindimos prácticamente del todo de comprar ropa y calzado, de la peluquería -ambos-; redujimos al mínimo las comidas y cenas fuera de casa y remplazamos marcas de alimentos por productos equivalentes más baratos. No todos los "sacrificios" tenían la misma repercusión en nuestro ahorro pero todos ayudaban a trabajar la predisposición. Cuando sabíamos que todavía faltaba bastante para comenzar el viaje cualquier cosa que nos hacía más presente nuestro objetivo nos mantenía la ilusión viva.

Los preparativos para esta experiencia son de lo más variado. Tienes trámites de la importancia de salir ordenadamente del trabajo o alquilar el piso en el que has estado viviendo. Hay cosas tan triviales como buscar información por internet o descargar guías de viaje digitales. Tienes que buscar dónde dejar guardados el coche y las motos. Y prepararte para que alguien los venda si en algún momento su valor en dinero es mayor que su utilidad a la vuelta. La mayoría de estas cosas no son divertidas, salvo que le enseñes el piso a un japonés y te pida permiso para "probar" la bañera y acto seguido se meta vestido -pero descalzo, al menos- para asegurarse de que es de su talla. Y es que alquilar un piso a extranjeros sí que enriquece tu anecdotario. Aprovecho para agradecer a Matías, el conserje, su ayuda cuando estábamos a la caza del inquilino ideal. Y no fue fácil: japonés, italiano, portugués, holandés, árabe -de Arabia, de donde son los árabes-, inglés... ¡Ah! ¡Y una pareja española!

Entre todos estos trámites hemos comprobado que la mayoría de los nombres de los documentos están muy bien puestos: El carnet de alberguista es un carnet, el libro de familia es un libro... Aunque hay algunas excepciones: El carnet de conducir internacional es un libro. Y el tamaño sí importa cuando tienes que llevar pasaportes, carnets de conducir, documentación de buceo... Y todo -o más bien, casi todo- con original y copia, preparados para cualquier pérdida de la documentación.

Tal vez lo que más tiempo nos ocupó fue prepararnos para sacar el título de Divemaster -algo así como un monitor de buceo- porque tuvimos que pasar unos cuantos fines de semana por Calpe. Como estábamos en plena euforia ahorradora, aprovechamos para dormir en el albergue del centro de buceo y cada fin de semana que bajábamos era como una pequeña mudanza: ropa de cama, comida, menaje... Incluso nuestros pequeños electrodomésticos, como el microondas, la plancha (la de cocinar, claro) y la Nespresso. Porque una cosa es ahorrar y otra muy distinta sufrir. Es curioso que el coche iba cargado de todo menos de los trastos de buceo. Es lo bueno de volver a ser alumno, que te prestan todo el material en el centro.

Un protagonismo especial dentro de los preparativos tiene el equipaje. ¿Qué llevar para un viaje tan largo y por tantos sitios de climas tan distintos sabiendo que hay que cargar con él? Es un tema suficientemente importante como para dedicarle una entrada aparte...